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[SPANISH/ESPAÑOL] La Palabra de Dios – Dios habla a la gente.

01 Apr
Solomon and the Queen of Sheba

Solomon and the Queen of Sheba (Photo credit: Wikipedia)

BIBLIA

Génesis 12, 1
12:1 El Señor dijo a Abrám: Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré.

Génesis 41, 39
41:39 Y dirigiéndose a José, le expresó: «Ya que Dios te ha hecho conocer todas estas cosas, no hay nadie que sea tan prudente y sabio como tú.

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Números 12, 6
12:6 y el Señor les dijo: «Escuchen bien mis palabras: Cuando aparece entre ustedes un profeta, yo me revelo a él en una visión, le hablo en un sueño.

Números 12, 8
12:8 Yo hablo con él cara a cara, claramente, no con enigmas, y el contempla la figura del Señor. ¿Por qué entonces ustedes se han atrevido a hablar contra mi servidor Moisés?».

1 Reyes Capítulo 22, 13 – 17
22:13 El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le dijo: «Mira que las palabras de los profetas anuncian a una sola voz buena fortuna para el rey. Habla tú también como uno de ellos, y anuncia la victoria».
22:14 Pero Miqueas replicó: «¡Por la vida del Señor, sólo diré lo que el Señor me diga!».
22:15 Cuando se presentó al rey, este le dijo: «Miqueas, ¿podemos ir a combatir contra Ramot de Galaad, o debemos desistir?». El le respondió: «Sube y triunfarás: el Señor la entregará en manos del rey».
22:16 Pero el rey le dijo: «¿Cuántas veces tendré que conjurarte a que no me digas más que la verdad en nombre del Señor?».
22:17 Miqueas dijo entonces: «He visto a todo Israel disperso por las montañas, como ovejas sin pastor, El Señor ha dicho: Estos ya no tienen dueño; vuélvase cada uno a su casa en paz».

2 Reyes Capítulo 3, 15…;
3:15 Pero ahora, tráiganme un músico». Y mientras el músico pulsaba las cuerdas, la mano del Señor se posó sobre Eliseo, (16)

Proverbios Capítulo 8, 1-21. 32-36
8:1 ¿No está llamando la Sabiduría y no hace oír su voz la Inteligencia?
8:2 En las cumbres más altas que bordean el camino, apostada en el cruce de los senderos,
8:3 al lado de las puertas, a la entrada de la ciudad, en los lugares de acceso, ella dice en alta voz:
8:4 «A ustedes, hombres, yo los llamo, y mi voz se dirige a los seres humanos.
8:5 Entiendan, incautos, qué es la perspicacia; entiendan, necios, qué es la sensatez.
8:6 Escuchen: es muy importante lo que voy a decir, mis labios se abren para expresar lo que es recto.
8:7 Sí, mi boca profiere la verdad, la maldad es una abominación para mis labios.
8:8 Todas mis palabras son conformes a la justicia, no hay en ellas nada retorcido o sinuoso;
8:9 todas son exactas para el que sabe entender y rectas para los que ha hallado la ciencia.
8:10 Adquieran mi instrucción, no la plata, y la ciencia más que el oro acrisolado.
8:11 Porque la Sabiduría vale más que las perlas, y nada apetecible se le puede igualar».
8:12 Yo, la Sabiduría, habito con la prudencia y poseo la ciencia de la reflexión.
8:13 El temor del Señor es detestar el mal: yo detesto la soberbia, el orgullo, la mala conducta y la boca perversa.
8:14 A mí me pertenecen el consejo y la habilidad, yo soy la inteligencia, mío es el poder.
8:15 Por mí reinan los reyes y los soberanos decretan la justicia;
8:16 por mí gobiernan los príncipes y los nobles juzgan la tierra.
8:17 Yo amo a los que me aman y los que me buscan ardientemente, me encontrarán.
8:18 Conmigo están la riqueza y la gloria, los bienes perdurables y la justicia.
8:19 Mi fruto vale más que el oro, que el oro fino, y rindo más que la plata acrisolada.
8:20 Yo voy por el sendero de la justicia, en medio de las sendas de la equidad,
8:21 para repartir posesiones a los que me aman y para colmar sus tesoros.

8:32 Y ahora, hijos, escúchenme: ¡felices los que observan mis caminos!
8:33 Escuchen la instrucción y sean sabios: ¡no la descuiden!
8:34 ¡Feliz el hombre que me escucha, velando a mis puertas día tras día y vigilando a la entrada de mi casa!
8:35 Porque el que me encuentra ha encontrado la vida y ha obtenido el favor del Señor;
8:36 pero el que peca contra mí se hace daño a sí mismo y todos los que me odian, aman la muerte.

Libro de la Sabiduría 7 – 8
7:1 Yo también soy un hombre mortal, igual que todos, nacido del primer hombre, que fue formado de la tierra: en el seno de una madre fue modelada mi carne;
7:2 durante diez meses tomé consistencia en su sangre, gracias al semen paterno y al placer que va acompañado del sueño.
7:3 Yo también, al nacer, respiré el aire común, caí sobre la tierra que nos recibe a todos por igual, y mi primer grito, como el de todos, fue el llanto.
7:4 Fui criado entre pañales y en medio de cuidados,
7:5 porque ningún rey comenzó a vivir de otra manera:
7:6 la entrada en la vida es la misma para todos, y también es igual la salida.
7:7 Por eso oré, y me fue dada la prudencia, supliqué, y descendió sobre mí el espíritu de la Sabiduría.
7:8 La preferí a los cetros y a los tronos, y tuve por nada las riquezas en comparación con ella.
7:9 No la igualé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, comparado con ella, es un poco de arena; y la plata, a su lado, será considerada como barro.
7:10 La amé más que a la salud y a la hermosura, y la quise más que a la luz del día, porque su resplandor no tiene ocaso.
7:11 Junto con ella me vinieron todos los bienes, y ella tenía en sus manos una riqueza incalculable.
7:12 Yo gocé de todos esos bienes, porque la Sabiduría es la que los dirige, aunque ignoraba que ella era su madre.
7:13 La aprendí con sinceridad y la comunico sin envidia, y a nadie le oculto sus riquezas.
7:14 Porque ella es para los hombres un tesoro inagotable: los que la adquieren se ganan la amistad de Dios, ya que son recomendados a él por los dones de la instrucción.
7:15 Que Dios me conceda hablar con inteligencia, y que mis pensamientos sean dignos de los dones recibidos, porque él mismo es el guía de la Sabiduría y el que dirige a los sabios.
7:16 En sus manos estamos nosotros y nuestras palabras, y también todo el saber y la destreza para obrar.
7:17 El me dio un conocimiento exacto de todo lo que existe, para comprender la estructura del mundo y la actividad de los elementos;
7:18 el comienzo, el fin y el medio de los tiempos, la alternancia de los solsticios y el cambio de las estaciones,
7:19 los ciclos del año y las posiciones de los astros;
7:20 la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras, el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres; las variedades de las plantas y las propiedades de las raíces.
7:21 Conocí todo lo que está oculto o manifiesto, porque me instruyó la Sabiduría, la artífice de todas las cosas.
7:22 En ella hay un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, ágil, perspicaz, sin mancha, diáfano, inalterable, amante del bien, agudo,
7:23 libre, bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, lo observa todo y penetra en todos los espíritus: en los puros y hasta los más sutiles.
7:24 La Sabiduría es más ágil que cualquier movimiento; a causa de su pureza, lo atraviesa y penetra todo.
7:25 Ella es exhalación del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Todopoderoso: por eso, nada manchado puede alcanzarla.
7:26 Ella es el resplandor de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad.
7:27 Aunque es una sola, lo puede todo; permaneciendo en sí misma, renueva el universo; de generación en generación, entra en las almas santas, para hacer amigos de Dios y profetas.
7:28 Porque Dios ama únicamente a los que conviven con la Sabiduría.
7:29 Ella, en efecto, es más radiante que el sol y supera a todas las constelaciones; es más luminosa que la misma luz,
7:30 Ya que la luz cede su lugar a la noche, pero contra la Sabiduría no prevalece el mal.

8:1 Ella despliega su fuerza de un extremo hasta el otro, y todo lo administra de la mejor manera.
8:2 Yo la amé y la busqué desde mi juventud, traté de tomarla por esposa y me enamoré de su hermosura.
8:3 Su intimidad con Dios hace resaltar la nobleza de su origen, porque la amó el Señor de todas las cosas.
8:4 Está iniciada en la ciencia de Dios y es ella la que elige sus obras.
8:5 Si la riqueza es un bien deseable en la vida, ¿qué cosa es más rica que la Sabiduría que todo lo hace?
8:6 Si la prudencia es la que obra, ¿quién más que ella es artífice de todo lo que existe?
8:7 ¿Amas la justicia? El fruto de sus esfuerzos son las virtudes, porque ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza, y nada es más útil que esto para los hombres en la vida.
8:8 ¿Deseas, además, tener mucha experiencia? Ella conoce el pasado y puede prever el porvenir, interpreta las máximas y descifra los enigmas, conoce de antemano las señales y los prodigios, la sucesión de las épocas y de los tiempos.
8:9 Yo decidí tomarla por compañera de mi vida, sabiendo que ella sería mi consejera para el bien y mi aliento en las preocupaciones y la tristeza.
8:10 Gracias a ella, alcanzaré gloria entre la gente, y aun siendo joven, seré honrado por los ancianos.
8:11 Me encontrarán perspicaz en el ejercicio de la justicia, y seré admirado en presencia de los grandes.
8:12 Si me callo, estarán a la expectativa, si hablo, me prestarán atención, si mi discurso se prolonga, permanecerán en silencio.
8:13 Gracias a ella, alcanzaré la inmortalidad y dejaré a la posteridad un recuerdo eterno;
8:14 gobernaré a los pueblos, y las naciones me estarán sometidas;
8:15 terribles tiranos quedarán aterrados al oír hablar de mí; me mostraré bondadoso con mi pueblo y valiente en la guerra.
8:16 Al volver a mi casa, descansaré junto a ella, porque su compañía no causa amargura, ni dolor su intimidad, sino sólo placer y alegría.
8:17 Al reflexionar sobre estas cosas, y considerando en mi corazón que en la familiaridad con la Sabiduría está la inmortalidad,
8:18 en su amistad, un gozo honesto, en los trabajos de sus manos, inagotables riquezas, en su trato asiduo, la prudencia, y en la comunicación con ella, la celebridad, yo iba por todas partes, tratando de poseerla.
8:19 Yo era un muchacho naturalmente bueno y había recibido un alma bondadosa,
8:20 o más bien, siendo bueno, vine a un cuerpo sin mancha;
8:21 pero comprendiendo que no podía obtener la Sabiduría si Dios no me la concedía, y ya era un signo de prudencia saber de quién viene esta gracia, me dirigí al Señor y le supliqué, diciéndole de todo corazón: (9)

Jeremías Capítulo 1, 4
1:4 La palabra del Señor llegó a mí en estos términos: (5)

Jeremías Capítulo 20, 7 – 9
20:7 ¡Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir! ¡Me has forzado y has prevalecido! Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí.
20:8 Cada vez que hablo, es para gritar, para clamar: «Violencia, devastación!». Porque la palabra del Señor es para mí oprobio y afrenta todo el día.
20:9 Entonces dije: «No lo voy a mencionar, ni hablaré más en su Nombre». Pero había en mi corazón como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía.

Jeremías Capítulo 36
36:1 El cuarto año de Joaquím, hijo de Josías, rey de Judá, llegó a Jeremías esta palabra de parte del Señor :
36:2 Toma un rollo y escribe en él todas las palabras que yo te he dicho acerca de Israel, de Judá y de todas las naciones, desde que comencé a hablarte en tiempos de Josías, hasta el día de hoy.
36:3 Tal vez los de la casa de Judá, al enterarse de todo el mal que tengo pensado hacerles, se vuelvan cada uno de su mal camino, y así yo pueda perdonarles su iniquidad y su pecado.
36:4 Jeremías llamó a Baruc, hijo de Nerías, y Baruc escribió en un rollo, bajo el dictado de Jeremías, todas las palabras que el Señor le había dicho.
36:5 Luego Jeremías dio esta orden a Baruc: «Yo estoy impedido; no puedo entrar en la Casa del Señor.
36:6 Por eso irás tú, y leerás las palabras del Señor en el rollo que has escrito bajo mi dictado. Lo harás a oídos del pueblo, en la Casa del Señor, en el día del ayuno; y que lo oigan también todos los hombres de Judá que vengan de sus ciudades.
36:7 Tal vez su plegaria llegue hasta el Señor, y se vuelva cada uno de su mal camino. Porque es grande la ira y el furor con que el Señor ha amenazado a este pueblo».
36:8 Baruc, hijo de Nerías, hizo exactamente lo que le había ordenado el profeta Jeremías, leyendo en el rollo las palabras del Señor, en la Casa del Señor.
36:9 El quinto año de Joaquím, hijo de Josías, en el noveno mes, se convocó para un ayuno del Señor a todo el pueblo de Jerusalén y a todo el pueblo que llegaba de las ciudades de Judá a Jerusalén.
36:10 Entonces Baruc leyó en el rollo las palabras de Jeremías, en la Casa del Señor, en la sala de Guemarías, hijo de Safán, el secretario, en el atrio superior, a la entrada de la puerta Nueva de la Casa del Señor ; y lo hizo en presencia de todo el pueblo.
36:11 Miqueas, hijo de Guemarías, hijo de Safán, al oír todas las palabras del Señor escritas en el rollo,
36:12 bajó a la casa del rey, a la sala del secretario, donde estaban sesionando todos los jefes: Elisamá, el secretario, Delaías, hijo de Semaías, Elnatán, hijo de Acbor, Guemarías, hijo de Safán, Sedecías, hijo de Ananías, y todos los demás jefes.
36:13 Y Miqueas les contó todo lo que había oído cuando Baruc leía en el rollo, delante de todo el pueblo.
36:14 Entonces todos los jefes enviaron a Iehudí, hijo de Natanías, hijo de Selemías, hijo de Cusí, para que dijera a Baruc: «Toma el libro que has leído en presencia del pueblo y ven». Baruc, hijo de Nerías, tomo consigo el rollo y se presentó ante ellos.
36:15 Ellos le dijeron: «Siéntate y léelo delante de nosotros». Baruc lo leyó delante de ellos.
36:16 Y cuando oyeron todas las palabras, temblando, se miraron unos a otros, y exclamaron: «Es preciso que comuniquemos al rey todas estas palabras».
36:17 Luego interrogaron a Baruc, diciendo: «Indícanos cómo has escrito todas estas palabras».
36:18 Baruc les respondió: «Jeremías me dictaba de viva voz todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el rollo».
36:19 Los jefes dijeron a Baruc: «Ve y ocúltate, tú lo mismo que Jeremías; que nadie sepa dónde están».
36:20 Y después de depositar el rollo en la sala de Elisamá, el secretario, se presentaron ante el rey en la corte, y lo pusieron al tanto de todo.
36:21 El rey envió a Iehudí para que tomara el rollo, y este lo tomó de la sala del secretario Elisamá, Iehudí lo leyó delante del rey y de todos los jefes que estaban de pie junto a él.
36:22 El rey estaba sentado en la sala de invierno –era entonces el noveno mes– y había ante él un brasero encendido.
36:23 Y a medida que Iehudí leía tres o cuatro columnas, el rey las cortaba con el cortaplumas del secretario y las arrojaba al fuego del brasero. Así hasta que todo el rollo se consumió por completo en el fuego del brasero.
36:24 Pero ni el rey ni sus servidores temblaron al oír todas estas palabras, ni se rasgaron las vestiduras.
36:25 Y aunque Elnatán, Delaías y Guemarías intervinieron ante el rey para que no quemara el rollo, él no les hizo caso.
36:26 Luego el rey ordenó a Ierajmel, hijo del rey, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdel, que apresaran a Baruc, el escriba, y a Jeremías, el profeta. Pero el Señor los mantuvo ocultos.
36:27 La palabra del Señor llegó a Jeremías, después que el rey quemó el rollo con las palabras que había escrito Baruc bajo el dictado de Jeremías, en estos términos:
36:28 «Toma otro rollo y escribe en él todas las palabras que estaban en el primer rollo, el que quemó Joaquím, rey de Judá.
36:29 Y tú dirás contra Joaquím, rey de Judá: Así habla el Señor: Tú has quemado este rollo, diciendo: ¿Por qué has escrito que el rey de Babilonia vendrá indefectiblemente, que él arrasará este país y hará desaparecer de él a hombres y animales?
36:30 Por eso, así habla el Señor contra Joaquím, rey de Judá: El no tendrá un descendiente que se siente en el trono de David, y su cadáver será arrojado al calor durante el día y al frío durante la noche.
36:31 A él, a su descendencia y a sus servidores, los castigaré por su iniquidad, y haré venir sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusalén y sobre la gente de Judá, todo el mal con que los amenacé, sin que ellos me escucharan».
36:32 Entonces Jeremías tomó otro rollo y se lo entregó a Baruc, hijo de Nerías, el escriba. Este escribió en él, bajo el dictado de Jeremías, todas las palabras del rollo que Joaquím, rey de Judá, había quemado en el fuego. Y además, fueron añadidas muchas otras palabras como aquellas.

Amós 3, 8
3:8 El león ha rugido: ¿quién no temerá? El Señor ha hablado: ¿quién no profetizará?

Amós 7, 15
7:15 pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: «Ve a profetizar a mi pueblo Israel».

Daniel Capítulo 5, 11 – 12
5:11 En tu reino hay un hombre que posee el espíritu de los dioses santos; mientras vivía tu padre, se encontró en él una clarividencia, una perspicacia y una sabiduría igual a la sabiduría de los dioses; el rey Nabucodonosor, tu padre, lo constituyó jefe de los magos, los adivinos, los caldeos y los astrólogos.
5:12 Ahora bien, ya que en este Daniel, a quien el rey dio el nombre de Beltsasar, se ha encontrado un espíritu superior, así como también ciencia, inteligencia, y el arte de interpretar sueños, resolver enigmas y solucionar problemas, que se llame a Daniel y él expondrá la interpretación».

Hebreos 1, 1
1:1 Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, (2)

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Lednica - Las palabras de Dios son dulces
http://www.youtube.com/watch?v=RkX0AT0r2eQ
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Se utilizó:
– La Biblia.
– Diccionario de Teología Bíblica página: 876 – 877a
– Internet.
 
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Posted by on April 1, 2012 in Uncategorized

 

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